El sitio que recibe a su gente y mide cada pedido que pasa por WhatsApp.
El reto
En gastronomía, el e-commerce tradicional no siempre encaja. Muchos negocios chicos cierran sus ventas por WhatsApp: el cliente pregunta, ajusta el pedido, confirma fecha y recoge en persona. Pero el típico problema es que cuando el cliente sale del sitio para abrir WhatsApp, los datos se rompen. ¿Cuántos de esos clicks terminaron en venta? ¿Cuál es el coste por pedido? ¿Qué canal de origen rinde mejor? Sin tracking, son preguntas sin respuesta.
Cómo lo abordamos
Diseñamos un sistema de medición que conecta el click en "Pedir por WhatsApp" con el embudo completo: desde el canal de adquisición hasta la conversión final. La clave es entender que el click es la conversión medible: todo lo que pasa después en WhatsApp es responsabilidad del operador, pero el origen y la cualificación del lead se rastrean al 100%.
Qué se hizo en concreto
- Click-to-Chat con mensaje pre-rellenado. Cada botón "Pedir por WhatsApp" abre la conversación con un mensaje que incluye el producto o sección de interés. Esto cualifica al lead antes de que escriba la primera palabra.
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Evento personalizado en GA4 al click.
Cada click en "Pedir por WhatsApp" dispara un evento
click_whatsappcon parámetros: producto, ubicación en la página, dispositivo, fuente. Ese evento se marca como conversión en GA4. - UTM tags en todos los canales de entrada. Posts de Instagram, links de Google Business Profile, mailings: cada link saliente lleva UTMs únicos. Sabemos exactamente desde dónde llegó cada cliente que terminó en WhatsApp.
- Dashboard en Looker Studio con embudo completo. Visitas → Vistas de producto → Clicks en WhatsApp → Coste por click WhatsApp (calculado contra inversión en cada canal). El dueño del negocio lee el reporte sin entender de marketing.
- Consent Mode v2 correctamente integrado. El tracking respeta la elección del usuario en el banner de cookies sin perder señal en GA4 (gracias al modelado de datos de Google).
Resultados del setup
Lo que antes era una caja negra ahora es un embudo medible. El dueño del negocio puede responder con datos preguntas que antes eran intuición: qué producto del catálogo genera más consultas, qué canal de origen convierte mejor, qué días de la semana hay más demanda. Esa información cambia decisiones reales: dónde invertir en publicidad, qué producto destacar en la home, qué horarios de atención son críticos.
El tablero ya está encendido desde el primer pedido recibido. Cada click en WhatsApp queda registrado, atribuido por canal y horario. El operador puede leer los reportes semanales y tomar decisiones comerciales con los datos que antes no existían.
Cómo le hablamos a su gente y la traemos de vuelta al mostrador.
Su Instagram, con la voz de Mendieta
Mendieta quería lo mismo que buscan los suyos: cercanía. Que su gente —argentinos en Barcelona, vecinos del barrio, clientes de siempre— los sienta cerca aunque la compra sea por pantalla. Así que les llevamos el Instagram de punta a punta: armamos el calendario del mes y producimos las piezas —reels, carruseles y stories— pensadas para una pastelería argentina en Barcelona.
Cada pieza nace de un momento real con el que su gente conecta. El reel del Mundial, para vivir el partido con sanguchitos de miga y empanadas. Las cocas para la revetlla de Sant Joan, hechas como manda la tradición. Un carrusel que explica cómo encargar y cuánto sale el envío según el código postal. Y las stories del día a día, que sostienen la conversación entre pedido y pedido.
No es publicar por publicar. Cada pieza tiene una sola intención y termina invitando al mismo gesto: encargar por WhatsApp. Respondemos los comentarios y los mensajes en las primeras horas, que es cuando la gente está caliente. Y todo se dice con la voz de Mendieta —argentina, cálida, con esa nostalgia del sabor de casa—, porque esa cercanía es la marca.
Y acá las dos patas se juntan. Como cada enlace que sale del Instagram lleva su UTM, sabemos qué publicación trajo visitas y cuáles terminaron en un pedido por WhatsApp. Redes y medición no son dos servicios sueltos: son la misma máquina —contenido que acerca a la gente y medición que muestra qué funciona—.