Webs para estudios de yoga que llenan clases
Quien nunca ha ido a una clase de yoga tiene un miedo muy concreto: hacer el ridículo. La web que le quita ese miedo consigue la primera clase, y la primera clase es todo.
El obstáculo no es el precio, es la vergüenza
La mayoría de estudios comunican estilos y linajes: vinyasa, ashtanga, iyengar. Para quien ya practica está bien; para el principiante —que es quien más falta te hace— es un muro. No sabe cuál le toca y prefiere no arriesgarse.
Hablar por cuerpos y momentos en vez de por estilos cambia el resultado: una clase para empezar de cero, otra para una espalda cargada de oficina, otra para embarazo. Cada uno se reconoce.
Qué necesita la web de un estudio
Horario claro y actualizado, que es lo primero que se mira. Qué pasa exactamente en la primera clase: qué llevar, si hay material, si hace falta reservar. Bonos y tarifas explicados sin letra pequeña. Y las caras de quien da clase.
La reserva tiene que poder hacerse desde el móvil en un minuto, porque la decisión suele tomarse la noche antes.
Qué hacemos nosotros
Reordenamos la web alrededor del alumno que todavía no ha venido, ponemos horarios y tarifas donde se ven y medimos cuántas primeras clases salen de la web.
Vale para yoga, pilates, centros deportivos y estudios de danza.
Así se vería la tuya
Hemos construido una web modelo para este sector: no es un negocio real, es la muestra de cómo aplicamos todo lo anterior. Puedes recorrerla entera.
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Preguntas frecuentes
¿Debo poner los precios de los bonos?
Sí. Es de lo que más se busca y esconderlo solo genera consultas que no acaban en nada.
¿Sirve si doy clases yo sola?
Mucho: en un estudio pequeño la profesora es el motivo por el que la gente vuelve, y eso se puede transmitir en la web.
¿Y las clases online?
Se pueden integrar perfectamente, y amplían el alcance más allá del barrio. Conviene que quede claro qué es presencial y qué no.